''No
canta mal, hay que decirlo'', ironizó ayer el sargento Robert
Pérez, de la Policía de Miami-Dade, en una conferencia
de prensa con otros colegas que participaron en la captura del supuesto
violador de Shenandoah.
Rápalo
fue capturado el lunes pasado alrededor de las 10 p.m. después
que la policía recibió una información confidencial
sobre su paradero. Transportado de inmediato a las instalaciones
del Departamento de Policía de la Florida (FDLE), pidió
comida y le trajeron arroz con frijoles y una soda. ''El se sentía
tan bien con nosotros, tan relajado, que comenzó a cantar
corridos mexicanos, como si fuera un mariachi'', afirmó Pérez.
Pero
el ambiente musical duró poco. De inmediato comenzó
un férreo interrogatorio, de unas seis horas, durante las
cuales áapalo contó a los policías su versión
de las andanzas en esos días.
Así,
tan pronto escapó de la celda de máxima seguridad
de la cárcel Turner Guilford Knight (TGK), en la noche del
20 de diciembre, Rápalo se dirigió rumbo a una línea
de ferrocarril adyacente al inmueble, donde estableció contacto
con unos desamparados que le brindaron agua y un par de dólares.
''El
les dijo abiertamente que se había fugado de la cárcel'',
añadió Pérez.
Después
siguió caminando rumbo sur por la línea de ferrocarril,
mirando al cielo por miedo a ser localizado por los helicópteros
policiales, hasta que llegó a la esquina de la avenida 70
del SW y la calle Flagler y desde una gasolinera hizo una llamada
telefónica a una persona aún no identificada, según
las autoridades, a la cual le pidió que se encontraran.
Mujer
le da ayuda
Esa
persona le trajo comida y estuvieron conversando toda la noche.
Según Pérez, pudiera tratarse de una mujer sobre la
cual no quiso proporcionar detalles ni confirmar si ha sido arrestada.
Al
amanecer del segundo día, Rápalo caminó hasta
un bosquecillo cerca de Bird Road y la avenida 67, donde improvisó
un refugio con una manta que encontró allí, un pedazo
de metal azul y ramas de árboles. ''Estaba bien camuflado,
era difícil distinguirlo'', explicó Rafael Durán,
también sargento de la policía del condado.
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Rápalo
permaneció la mayor parte de los seis días escondido
en ese refugio, abandonándolo sólo en una ocasión,
cuando hizo varias llamadas telefónicas a conocidos
en busca de ayuda que, aparentemente, no logró. |
''El
sabía que no podía regresar a La Pequeña Habana
porque estábamos haciendo mucha presión sobre sus
conocidos'', indicó Durán. Al menos en una ocasión,
revelaron las autoridades el martes, una de las personas que contactó
rehusó ayudarlo.
Tomado
de elnuevoherald.com
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