Aguas Santas Ocaña Navarro, nombre escogido por su abuela
en honor a la Santa Patrona de su pueblo natal, dice creer profundamente
en Dios y es una convencida de que todo lo que ha ocurrido en su
vida, desde que dejó el servicio diplomático español
para trabajar junto a su esposo, el ex presidente Ricardo Maduro,
en el ámbito social, es lo mejor que le pudo suceder.
¿Qué la motivó a trabajar en lo social
como Primera Dama de Honduras?
Ver el dolor. Cuando empiezas a compartir el dolor de la gente,
cuando les escuchas quieres sanar esas heridas y quieres evitarles
dolor. También el hecho que yo en España no veía
determinadas circunstancias, pues, eran para mí mucho más
llamativas, mucho más dolorosas.
¿Este tipo de problemática la llegó
a ver a Honduras, a Centroamérica?
Se da en muchos lugares del mundo, la situación de niños
en la calle, un índice de abusos sexuales yo diría
especialmente altos. En Honduras se reporta el 43 por ciento de
los casos de sida de Centroamérica, es una problemática
de niñez en situación de abandono, violencia doméstica
en un grado muy elevado y eso me impactaba, la mezcla de la pobreza
con la discapacidad, con la falta de oportunidades, de educación
y quise hacer algo por mi pueblo.
¿Se podría decir que usted tenía esa
sensibilidad, pero al palparla de cerca le hizo pensar en hacer
algo?
Exacto, así lo sentí, yo pienso que las cosas no suceden
porque sí; y yo, en el tiempo que estuve trabajando en Honduras,
ayudaba a algunos niños, había hecho alguna labor
comprometida dentro de mi tiempo que era muy reducido, porque mi
trabajo lo ocupaba prácticamente todo. Cuando vuelvo como
Primera Dama yo siento que mi compromiso está con los pobres
y entonces es cuando comienzo a trabajar con los niños de
la calle, rescatándolos, consiguiendo oportunidades de educación
en el extranjero, ayudando a muchas madres con los útiles
de sus hijos, con las matrículas, montándoles pequeños
negocios, ayudando a las mujeres privadas de libertad, abriendo
casas de refugio de mujeres maltratadas.
¿Pero usted se identifica más con la niñez,
sus proyectos van dirigidos a esa niñez maltratada?
Sí, yo creo que eso es lo que más ha marcado la diferencia,
pero hemos hecho un trabajo muy intenso en temas de salud, atendiendo
a unas 50 mil personas, aproximadamente de ellas 3,700 casos tienen
que ver con el exterior: implantes, trasplantes, tratamientos...
¿Qué es lo que considera que le costó
más dentro de esa labor?
Yo creo que más cuesta en el fondo ayudar a cada uno de los
niños, que la sociedad cambie su manera de ver las cosas;
que pasen de sentir que si están niños en la calle
es una cosa normal que sólo los años, el tiempo, el
desarrollo económico lo van a cambiar, a que piensen que
aún dentro de nuestra pobreza podemos ir atendiendo cada
uno de esos casos y estimulando a las familias a generar ingresos,
y también apartando a los niños de su familia cuando
hay un abuso o explotación que no se puede finalizar.
¿Dentro de esa labor que realizó, qué
fue lo que más le impactó?
La explotación sexual de los pequeños, los abusos
sexuales en general de los niños y la desnutrición
profunda. Ese dolor tan terrible que siente un niño cada
hora, cada minuto, cada segundo de su vida, el del hambre, y también
el que no vivan seguros en su entorno familiar, que sufran los abusos
sexuales y que muchas veces sean consentidos por personas de su
entorno, porque quien les abusa es una persona que de alguna manera
sostiene la casa o bien ejerce el terror sobre ellos.
¿Cree usted que hubo una diferencia en su labor social
a partir de que asume como Primera Dama?
Yo creo que la diferencia, que sí existe, es un contacto
más cercano con el pueblo, el montar ese servicio de salud
que puede salvar o ha salvado tantas vidas o ha mejorado la calidad
de vida de muchas personas. En un país muy pobre supone la
esperanza y la esperanza ayuda a seguir luchando. Así me
decían las presas de Támara hace unos días
cuando nos despedíamos, usted nos ha dado motivos para seguir
luchando. Cuando es la Primera Dama la que se acerca a los más
pobres, a los enfermos, es la que los llama, la que acude cuando
una mamá ha sido asesinada y quedan sus pequeños desamparados,
hay una doble función, ayuda a ese grupo de personas y se
genera mucha esperanza y mucha solidaridad con el resto.
Así como hubo situaciones que la impactaron, también
debe guardar anécdotas. ¿Es cierto que una vez se
encontró con un travestí...?
Que le llamaban la Primera Dama, era divertidísimo porque
nos hicimos muy amigas y él me decía dónde
estaban los niños de la calle. Recuerdo que un día,
él se hacía llamar Deborah, además de que le
llamaran la Primera Dama, entonces recuerdo que un día voy
buscando a niños de la calle, tardísimo, era como
la 1:00 de la mañana, entonces llega un grupo de travestís,
bajo la ventanilla del carro y les digo: Por favor, está
por aquí Deborah y me dicen ‘¿Deborah, la Primera
Dama?’ y dije yo, un momentito, la Primera Dama soy yo, pero
bueno la otra, la otra, y entonces me decían ‘mire
en aquella casa abandonada, ahí hay niños’.
Me decían dónde estaban.
¿Se convirtieron en sus informantes?
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Sí,
eran mis informantes, era divertidísimo porque ellos
estaban muy implicados y me llamaban: Mire que está
en la calle una niñita de 9 años, y ellos me
decían dónde y le decían te vamos a llevar
a ver a la Primera Dama y ella te va a ayudar y entonces me
los llevaban. Yo creo que se despertó también
el lado humano de ellos, no querían que tan chiquitos
entraran en una vida de prostitución. |
Siendo
Honduras un lugar peligroso, ¿no le daba miedo andar tan
noche?
No sé por qué no sentía miedo, curiosamente
no sentía miedo, y lo curioso es que jamás hubo un
percance, jamás pasó nada y cuando entrábamos
en discotecas, que teníamos información que había
niñas, paraban la música, la gente nos recibía
bien. Algunos aprovechaban para pedirnos ayuda.
¿Por qué escoger Nicaragua para seguir ese
trabajo, si en Centroamérica es visible esa problemática
y en el mismo Honduras?
Obviamente mi deseo de salir es por dar paso a la próxima
Primera Dama, que además es del partido de oposición
al de mi esposo (Ricardo Maduro), por el hecho también de
la situación personal que estamos viviendo ahora, yo creo
que era prudente salir. Yo no sabía muy bien, tenía
por supuesto que quedarme cerca porque mis
hijos no me los podía llevar, tenía una oferta
de trabajo en Madrid, pero yo no podía llevarme a todos los
niños sin proceder antes a la adopción, tenía
que estar de alguna forma. Entonces, cuando miraba el entorno, Nicaragua
era el país que más me atraía.
Yo sé que esto es un tema privado, respeto si no
quiere hablar del tema. Causó asombro que usted anunciara
su divorcio con el ex presidente Maduro...
Que saliera por ejemplo la noticia antes de la toma de posesión,
fue un puro accidente, porque pensamos que iba a salir un poquito
después, no pensé que saliera el 25 (de enero), pensamos
que a lo mejor salía el mismo día 27, también
porque yo de alguna forma sí le tenía que decir al
pueblo de Honduras, que tanto me había querido, que salía
del país. Yo no quería que ellos se enteraran de una
manera incorrecta, ya había habido una decisión por
parte de mi esposo en cuanto a nuestra relación, así
es que, no es que yo decidiera... Sí informar al pueblo,
pero la decisión (divorcio) era una cosa que habíamos
tomado los dos. No es que yo le prive a él de los niños,
en absoluto, yo creo que es algo...
¿Qué pasó en ese matrimonio?
Bueno, eso sí ya forma parte de nuestra intimidad, yo no
quiero, yo tengo un excelente concepto de Ricardo Maduro, que a
través de él tuve esta oportunidad bella de ayudar,
pues en nuestra vida personal no fue tan bien como hubiéramos
querido, teníamos una ilusión inmensa cuando nos casamos,
pero cada uno de nosotros tiene un rumbo diferente en la vida, somos
muy, muy diferentes, y él tiene una vida anterior que le
condiciona mucho. ¿Para qué vamos a forzarnos más?
¿Para qué vamos a sufrir más?
¿Se mantendrá el contacto, por los niños
al menos?
Sí, claro.
Tomado
de La Prensa.com.ni
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