Existen
testimonios de más de 3 mil años
que mencionan artículos y objetos destinados
al placer sexual en Roma, Grecia, Egipto,
China, Japón y la India. Todas las
viejujas civilizaciones lograron dotarse de
objetos de madera, cera, cuero y hasta metal,
para utilizarlos como accesorios en el combate
cuerpo a cuerpo.
Los chinos fueron particularmente exquisitos
en sus afanes por proporcionarse mayor placer,
creando líneas de juguetes eróticos,
como las "Bolitas Chinas", que aún
en pleno siglo XXI son usadas por mujeres.
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Asimismo,
la cultura hindú, incluso antes del provocativo
Kamasutra, describe "dildos" o consoladores
de cuero con incrustaciones preciosas y madera pulida.
La
cultura griega adoraba a Afrodita, a quien se ofrendaba
con ritos de amor, fecundidad y sexo, donde era
frecuente el uso de zanahorias y pepinos.
Pero no sólo las culturas
antiguas hicieron de estos elementos algo habitual.
A fines del siglo XIX existió una incipiente
industria de accesorios sexuales, que coincidió
con algunos avances de la medicina y con los éxitos
de la revolución industrial.
El
uso médico se extendió por más
de 30 años, hasta que el doc Sigmund Freud
estableció las bases de la sexualidad moderna,
donde se reconoce el "derecho" al placer
de las mujeres y, por tanto, se dejó de considerar
la ansiedad sexual como una enfermedad. De ahí
en adelante, la industria se fue para arriba como
la espumita.