Ayer,
un día después de que el mismo Bush reiterase
que él deseaba cerrar ese campo de prisioneros en la
base naval estadounidense en la isla de Cuba, dos saudíes
y un yemení se ahorcaron
en sus celdas con tiras hechas de sábanas y ropas.
"El
presidente expresó su grave preocupación",
por la muerte de los tres supuestos terroristas, dijo el portavoz
de la Casa Blanca, Tony Snow, quien añadió que
EEUU se mantiene en comunicación diplomática con
los gobiernos de Arabia Saudí y Yemen.
Los
suicidios "reflejan la desesperación por una necesidad
humana básica", dijo William Goodman, director del
Centro para Derechos Constitucionales, un grupo de abogados
con sede en Nueva York que ha representado a unos 200 de los
cautivos en Guantánamo.
"Es
la necesidad por la justicia, la necesidad de que alguien escuche
lo que ellos tienen que decir", agregó Goodman.
En
febrero, una comisión de expertos de las Naciones Unidas,
planteó que los métodos de interrogatorio usados
por EEUU en Guantánamo equivalían a torturas,
y pidió la clausura inmediata de ese campo donde el Pentágono
ha mantenido, desde 2001, a cientos de hombres capturados en
decenas de países.
El
secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo que "a los
prisioneros de Guantánamo no se les puede mantener allí
a perpetuidad y necesitan que se les dé una oportunidad
para que se expliquen".
Aunque
la administración Bush ha hecho desde ayer todos los
gestos para mostrar respeto por los muertos -insistiendo en
que sus restos sean tratados de acuerdo a las tradiciones musulmanas-
los portavoces del Pentágono dieron una evaluación
diferente de las muertes.
El
jefe del Campo 1 en Guantánamo, el contraalmirante Harry
Harris, dijo que "los prisioneros son listos y están
muy comprometidos con su causa".
"Esos
individuos no tienen consideración por la vida, ni la
nuestra ni la suya propia", afirmó. Los suicidios
"no fueron un acto de desesperación sino, más
bien un acto de guerra asimétrica contra nosotros".
Desde
que comenzaron a llegar los primeros cautivos a Guantánamo
a fines de 2001, más de 700 hombres han sido llevados
ahí. Actualmente quedan 462 prisioneros, y por lo menos
25 de ellos han hecho más de 40 intentos de suicidio.
El
general John Craddock, jefe del Comando Sur Conjunto bajo cuya
jurisdicción está la base naval en la bahía
de Guantánamo, sostuvo que los cautivos "son elementos
resueltos, inteligentes y comprometidos y continúan haciendo
todo lo que pueden para convertirse en mártires en su
guerra santa (yihad)".
"Es
probable que los intentos de suicidio continúen si EEUU
no da los pasos para que los detenidos tengan un juicio justo",
dijo al diario The Los Angeles Times, Katherine Newell Bierman,
una abogada de Human Rights Watch.
"La
situación empeorará", agregó. "Hay
que cerrar ese campo de prisioneros y debe cerrarse de manera
responsable. Es necesario que las personas que hayan cometido
crímenes sean juzgadas, y al resto hay que enviarlos
de vuelta a casa y pedirles disculpas".
Un
día antes de los suicidios, durante un encuentro con
el primer ministro de Dinamarca, Fogh Rasmussen, el presidente
Bush había reiterado que desea cerrar la prisión
de Guantánamo y juzgar a los detenidos más peligrosos
en tribunales "en Estados Unidos".
Bush
dijo que el danés sacó el tema durante el encuentro
conjunto y afirmó: "Le garanticé que nos
gustaría acabar con Guantánamo, nos gustaría
que estuviera vacío".
Señaló
que EEUU coopera con otros Gobiernos para repatriar a ciertos
prisioneros.
"Pero
hay algunos que si se dejasen en las calles podrían ocasionar
gran daño a los ciudadanos estadounidenses y a otros
ciudadanos del mundo, y en consecuencia deberían ser
juzgados aquí, en tribunales en Estados Unidos",
dijo Bush.
El
presidente afirmó que su Gobierno espera ahora la decisión
del Tribunal Supremo sobre cuál es el lugar apropiado
para juzgar a esas personas. EFE