22
de Agosto de 2006
Redacción
Proceso Digital
Tegucigalpa – Ubicada en el casco histórico
de Tegucigalpa, la capital hondureña, la iglesia Los Dolores,
permite a los transeúntes contemplar, desde la propia calle,
un retablo exterior que agranda la arquitectura de un templo construido
en 1732.
 |
Al
ingresar a la iglesia la arquitectura barroca y colorista,
las imágenes en los altares, las paredes y las columnas;
todo se conjuga como un preámbulo que desemboca en
el altar mayor, donde la imagen de Nuestra Señora
de Los Dolores, dotada de un aire puramente ibérico,
constituye la principal obra del santuario. |
Poco a poco la iglesia ha perdido, incluso, muchos de sus tradicionales
feligreses, y el templo que antes permanecía abierto perennemente,
ahora tiene que cerrar sus puertas por varias horas debido a la
inseguridad que prima en la zona.
Esa inseguridad y la presencia de los vendedores ambulantes instalados
en la plaza y calles aledañas, que son parte del conjunto
histórico de la ciudad, así como las condiciones
sanitarias y de hacinamiento en que se desenvuelven, han cambiado
el panorama de una de las zonas, otrora, más hermosas de
la capital hondureña.
De aquel mercado Los Dolores construido en 1922 para atender las
necesidades de mercaderías de la Tegucigalpa de entonces,
las condiciones han cambiado diametralmente y distan de lo que
entonces fue: un “mercado elegante” como lo describen
los cronistas de la ciudad.