• El Ejecutivo congela los fondos del proyecto y designa a un activista político en la dirección

  • El presidente Zelaya adolece de una política de prevención y reinserción de jóvenes infractores, critican expertos

  • Por problemas de organización se pierde un financiamiento por dos millones de dólares del PNUD

Por Dagoberto Rodríguez
drodriguez@procesodigital.hn
Proceso Digital

Tegucigalpa - Mientras la violencia y los asaltos vinculados a la actividad de las pandillas campean a lo largo y ancho del país, el gobierno se da el lujo de congelar los fondos y de paso desarticular el único programa existente para la prevención, rehabilitación y reinserción de jóvenes infractores e integrantes de maras.

Esa situación contradice las promesas del presidente Manuel Zelaya, quien durante su campaña electoral se opuso a la política de represión contra los miembros de las pandillas juveniles aplicada por la administración de Ricardo Maduro, y en cambio, prometió programas de rehabilitación y reinserción social a esos grupos.

Pero a casi cinco meses de la administración liberal, ninguna de esas ofertas electorales se ha cumplido, mientras los hondureños ven con profunda preocupación y pavor como la actividad de las pandillas se ha reactivado en ciudades y comunidades en donde ese flagelo se creía controlado.

Lo preocupante es que la policía aún no logra articular una política definida para enfrentar este problema y, lo que es aún más grave, es que el Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social de Personas Vinculadas a Pandillas (PNP), está a punto de cerrar por la inoperancia gubernamental.

La cifra de pandilleros que operan en el país es imprecisa. Algunos organismos y la policía hablan de 60,000, pero otras instituciones como el Movimiento Juvenil Cristiano, que trabaja en ese campo, estima que el número se acerca a los 100,000, incluyendo a simpatizantes, familiares y ex mareros.

De acuerdo a investigaciones, el 77 por ciento de los miembros de las pandillas se asoció a ellas antes de los 15 años y el 97.8 por ciento del total de mareros se encuentra entre los 12 y los 25 años de edad, lo que denota que se trata de un fenómeno, cuyos principales protagonistas son niños, adolescentes y jóvenes.

Contexto
Un parto irregular
Ahogado y desarticulado
Se pierden millonarios fondos
No hay política de prevención
 
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