En
silencio, simpatizantes y curiosos han desfilado de forma lenta
pero incesante ante la urna, bajo cuyo cristal se puede observar
el rostro del ex gobernante, que fue cuidadosamente maquillado
antes de exponerlo al público.
El Ejército
chileno abrió las puertas de su principal instituto de
formación militar para que todo aquel que lo desee participe
en el velatorio, que comenzó con un responso a cargo de
un capellán militar.
Su viuda,
Lucía Hiriart, sus cinco hijos y los comandantes en jefe
del Ejército, Oscar Izurieta, y de la Marina, Rodolfo Codina,
así como el general director de Carabineros, José
Bernales, destacaban entre los presentes.
También
acudió el cardenal y arzobispo de Santiago, Francisco Javier
Errázuriz, quien saludó con afecto a los familiares
del fallecido general.
Además,
oró por la patria, pidió por la serenidad de las
personas y bendijo la urna.
Entre el público
se hallaba Luz Gajardo, una ferviente partidaria del ex dictador
que se dio a conocer los días en que Pinochet estuvo en
el hospital militar, donde fue detenida al menos dos veces por
agredir a periodistas o transeúntes que no comulgaban con
sus ideas.
Apaciguada
ahora, la simpatizante de Pinochet pidió el fin del odio
entre los chilenos tras pasar junto al féretro.
Sin embargo,
su carácter la traicionó poco después en
las afueras de la Escuela, cuando fue de nuevo detenida tras ser
sorprendida mientras destruía con un trozo de hierro las
ventanas y otros elementos de un edificio en construcción.
"Fuimos
provocados, nos lanzaron pedazos de cemento desde arriba, no toleraremos
ninguna provocación", exclamó Luz Gajardo al
ser conducida a un cuartel policial.
Los
obreros de la construcción negaron haber lanzado algún
objeto a los partidarios de Pinochet que pasaban por el lugar.
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Al
término del responso, los presentes aplaudieron y
cantaron el himno nacional de Chile, incluida una estrofa
que se entonaba en los actos oficiales durante la dictadura
referida a "vuestros nombres valientes soldados, que
habéis sido de Chile el sostén...". |
Esa
estrofa fue suprimida tras la recuperación de la democracia,
en 1990. EFE