La
danza de las remesas
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Pese
a las dificultades que enfrentan, cada día son más
los que se marchan, cada día son más los que
agobiados por la falta de oportunidades dejan su lar, dejan
su familia para luego enviar las famosas remesas que se
han constituido en el fundamento
más importante de la economía nacional.
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Las divisas
enviadas por los inmigrantes hondureños han pasado ha ser
superiores a los 1,100 millones de lempiras anuales y aunque llegan
directamente a las manos de los mas desfavorecidos de la sociedad,
el país carece de programas que busquen canalizar estos
ingresos en programas básicos de bienestar ciudadano.
Son
dineros que tal como llegan se gastan en lo elemental o en los excesos
propios de una sociedad de consumo, donde el nivel de formación
del hondureño común no le permite distinguir entre
lo esencial y las desproporciones que promueve la publicidad.
Así,
es común encontrar en la periferia urbana una pequeña
vivienda de tablas de orilla, con un televisor de 24 pulgadas, con
pantalla plana y cubierto por un plástico para que las goteras
no lo dañen, o simplemente observar un novedoso equipo de
sonido digital en el hogar de una pareja de campesinos en un poblado
del occidente hondureño, producto de los envíos que
hace el hijo que vive en “la gran manzana “ trabajando
como repartidor de pizzas.
Pero
el tema de dónde y en qué se gastan o invierten las
divisas no es algo que por ahora preocupa a la administración
pública que únicamente ve y con muy buenos ojos la
llegada al país de dineros que sirven para fortalecer la
economía nacional.
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