Por
Dagoberto Rodríguez
drodriguez@proceso.hn
Proceso Digital
Tegucigalpa
- Santos Aguilar de 58 años, propietario de una pequeña
chiclera frente al hospital Escuela, lee afanosamente el periódico
y a ratos deja la lectura para atender a uno que otro cliente
que llega en busca de cigarrillos, jugos, refrescos o galletas.
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Santos
Aguilar cree que el gobierno aún no cumple.
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“La
vida está difícil y con este negocio apenas
hacemos para el arroz y los frijoles- comenta sin levantar
los ojos de la lectura- El presidente prometió bajar
los combustibles y pensamos que eso iba a venir a favorecer
la canasta básica, pero nada de eso se ha cumplido”. |
Don
Santos apenas pasó la primaria en Marále, Francisco
Morazán, pero sabe expresarse muy bien y tiene su propia
visión e interpretación de lo que sucede en el país.
“Usted sabe que si sube el combustible, todo se pone caro”,
explica como todo un experto economista.
Este
humilde hombre, que emigró hace más de 30 años
de su pueblo natal y se radicó en la marginal colonia Alemania,
en donde aún vive con su mujer y sus cinco hijos, está
desencantado con éste y los últimos gobiernos y
no cree que las cosas vayan a mejorar.
“Yo
esperaba un cambio, pero no he visto que las medidas que se anunciaron
han favorecido a la gente. No veo nada en este gobierno, no veo
mejoría”, comenta, mientras una mueca de desaprobación
se dibuja en su curtido rostro.
La
opinión de don Santos, sin lugar a dudas, resume el pensar
y sentir de miles de hondureños de escasos recursos económicos
que depositaron su confianza en que la nueva administración
liberal iba saber interpretar y buscar solución a sus más
ingentes problemas.
Y
es que la falta de empleo, la pobreza, la galopante alza
de los combustibles y los productos de primera necesidad,
la falta de oportunidades, la inseguridad, la escasez de
medicinas en los centros hospitalarios y otros males sociales
siguen golpeando sin piedad a las empobrecidas masas de
hondureños. |
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Las
alzas a los combustibles han sido el dolor de cabeza
de este gobierno. |
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Mientras
eso sucede, la actual administración se ha enfrascado,
desde sus inicios, en una lucha para poder cumplir con las promesas
de campaña y, en los últimos días, en tratar
de tapar los flancos que quedaron abiertos tras la renuncia
de dos altos funcionarios públicos, en medio de denuncias
de irregularidades.
El
próximo 7 de mayo la administración Zelaya cumple
cien días al frente de la dirección del estado y
la percepción de los diferentes sectores de la sociedad
hondureña no son del todo halagadores.
En
lo personal, la imagen del presidente Manuel Zelaya se ha visto
afectada por el uso
de aviones propiedad de acaudalados empresarios extranjeros
en viajes y misiones oficiales, los desmanes de uno de sus hijos
por la retención de una estudiante de un colegio de la
capital, y la presencia de parientes
en la Casa Presidencial y en otros puestos de la administración
pública.
Sumado
a eso, el gobernante ha dejado una laguna de dudas en el empresariado
nacional y los inversionistas internacionales al cuestionar recientemente
en un acto público el modelo económico reinante
y calificarlo de excluyente e inequitativo.