Tegucigalpa
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El presidente Manuel Zelaya se dio un baño populista
y de izquierda que inquietó hasta el más optimista
y comprensivo dirigente liberal y de otros sectores económicos,
políticos y diplomáticos del país por el
rumbo que está imprimiendo a su gestión y con
ello al país.
Una recepción en Managua
que Daniel Ortega y su Frente Sandinista solo concede a sus
estrechos aliados (Hugo Chávez, Mohamed Gadafi, Mahmud
Ahmadinejad, el ultrarradical presidente iraní y otros),
y una comitiva especial por la incorporación de no solo
los antiguos jóvenes militantes de la izquierda y hoy
devenidos en funcionarios de Estado, sino que también
dirigentes militares y empresariales, algo que no hizo ni en
su visita a la Casa Blanca.
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También
se encontraba un perturbador elemento protocolario, ya
que a la par del mandatario se encontraba Patricia Rodas,
en un papel reservado a las primeras damas, y que por
ende la representación del Estado estaba en manos
de una dirigente política afín al sandinismo. |
En todo caso es más preocupante, que la perturbación
protocolaria, la presencia de Patricia Isabel Rodas como presidenta
del Partido Liberal que simboliza la fusión del Estado-Partido,
propio de los gobiernos soviéticos y de las naciones
con el socialismo real, algo que Daniel Ortega promovió
el siglo pasado y que busca reflotar en la presente década,
similar conducta impulsa Chávez en Venezuela.