Tegucigalpa
- ¿Existen grupos que influyen más que el propio presidente
en los destinos de los pueblos?, definitivamente la respuesta es
positiva y es general para cualquier democracia del mundo. Eso se
hace sentir en las naciones del primer mundo pero tampoco escapan
los países latinoamericanos, como Honduras, con formas de
gobierno incipientes, débiles y marcadas por las desigualdades
sociales.
Los
grupos en la sombra, los operadores políticos, los
“lobbistas”, negociadores o como quiera usted
llamarles no descansan ni un momento, operan permanentemente
al margen de los poderes legalmente constituidos, en muchas
ocasiones ejercen un poder mayúsculo y en otras hasta
total en los destinos de una nación. |
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En
Honduras a escasas semanas de la transición de mando presidencial
los negociadores o lobbistas se mueven por todas las aguas del poder,
no descansan y su trabajo se intensifica a cada segundo para garantizar
la cuota de mando o los contactos que les garanticen el bienestar
particular de sus intereses o el de los grupos que representan.
Son
sectores que usan la razón, la información, manipulan
el poder y ejercen la influencia necesaria en los estamentos públicos,
privados y en los medios de comunicación con tal de lograr
el particular éxito deseado.
En
algunas naciones como la estadounidense su influencia es directa
y se da especialmente en el poder Legislativo. En ese país
grupos de “lobby”
como el judío
gozan de alta influencia internacional.
Estados
Unidos incluso cuenta con la Federal
Regulation of Lobbying Act que regula esta actividad desde 1946.
Así
en las estructuras de poder del Pentágono están incrustados
expertos y tecnócratas que manejan las estructuras de poder
y que una vez que dejan sus posiciones pasan a formar parte de fundaciones
o consorcios mediáticos, desde donde operan en pro de negocios
e ideas particulares.
De
esta manera corporaciones mediáticas, empresas militares,
armamentistas, financieras, tecnológicas y petroleras hacen
una gigantesca telaraña para proteger o incrementar sus nichos
de poder mediante los “lobbistas” que tejen vasos comunicantes
extendidos infinitamente.
Aunque
no acuden a una universidad para formarse expresamente en el tema
los “lobbistas” son cerebros especializados en información
restringida o confidencial, pero básicamente clave para sus
intereses, conocen detalles que para el común de los mortales
pasarían desapercibidos, saben aparecer y desaparecer apropiadamente
de los ambientes públicos o privados todo con el fin de obtener
o difundir información clave para su causa.
De
modo que estos grupos o personajes que circulan regularmente
en los ámbitos políticos, sociales, periodísticos
han ampliado su campo de acción hacia la sociedad civil,
un componente de los sistemas democráticos que, si
bien ha estado allí, ahora ha pasado a protagonizar
un primer plano, marcado por la necesidad de los gobiernos
y la burocracia internacional de avalar los procesos con la
participación amplia o al menos aparentarla. |
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En
Honduras se estila la búsqueda de soluciones
mediante el nombramiento de comisiones de “notables”
donde algunos de los que participan son efectivamente
hombres y mujeres honorables, pero dentro de esas
instancias también se arropan miembros estratégicos,
de dudosa reputación y que muchas veces o casi
todas son los que inclinan la balanza. |
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Bajo
este esquema cualquiera de los grupos antes mencionados o cualquier
individuo particular es una pieza clave siempre y cuando tenga información
relacionada con el poder o pueda operar algunas puertas o pasadizos
indispensables.
En
este rubro todos valen, todos los que manejen información,
desde el conserje, la secretaria, la encargada de servir el café
hasta los máximos representantes del estado, sin dejar de
pasar por empresarios, parlamentarios, periodistas, líderes
de opinión y grupos opositores, todos los que posibiliten
el logro de los objetivos antes que los competidores.
El
“lobbista” tiene una agenda preestablecida, controla
el tiempo, crea las circunstancias adecuadas, usa la información
y salta el momento preciso.
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